cerebro

La última región que termina de madurar es la prefrontral, relacionada con los impulsos y la conducta arriesgada que manifiestan

El cerebro es un órgano acabado hasta los 20 años de edad, tarda más en madurar de lo que se pensaba según han revelado las nuevas técnicas de imágenes computarizadas; los cerebros adolescentes no se convierten de manera súbita de cerebros infantiles a cerebros adultos, en ello radicaría, y no en hormonas ‘fuera de control’ o una ‘mala educación’, el comportamiento característico de los jóvenes, como sus cambios súbitos de ánimo, malhumor o la manera temeraria en que enfrentan la vida.

Esto lo dice el médico y divulgador científico Michael Mosley en una colaboración para la BBC. Explica que mientras está en el útero, el ser humano desarrolla unas 8,000 neuronas cada segundo, y al nacer se producen nuevas conexiones entre ellas, así cada una de los cientos de miles de millones de neuronas llevan a cabo, en promedio, 10,000 conexiones diferentes. A los seis años de edad ya está establecida la estructura básica del cerebro, y continúa creciendo.

Sin embargo, a partir de los 12 años, ya no aumentan las conexiones, sino que, al contrario, comienzan a perderse (cada año casi el 1% de la materia gris), es decir el cerebro ‘descarga’ las conexiones innecesaria o inútiles, de ahí que los años de la adolescencia sean críticos para el futuro desarrollo del joven (las capacidades y hábitos que se adquieran en esta época probablemente persistirán).

El cerebro adolescente se vuelve más rápido y poderoso, aunque la última región que alcanza su total madurez es la corteza prefrontal, responsable de funciones como la planeación, la anticipación, el control de las emociones y el entendimiento de los demás; se tiende a ser impulsivo e insensible, y a tomar riesgos innecesarios: siempre que un adolescente se arriesga, por ejemplo al conducir un auto a exceso de velocidad, el cerebro es recompensado con una descarga hormonal, una euforia natural mucho más fuerte de la que podría sentir un adulto.

Una explicación a este proceso inacabado de conexiones, indica el médico egresado de la Royal Free en Londres, es que el ser más arriesgados ayuda a los jóvenes a conocer y entender el mundo.

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