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Dos ex generales más se sumaron al repudio a la amenaza de Donald Trump de militarizar la represión contra manifestantes, mientras se celebraron ceremonias fúnebres en memoria de George Floyd –el afroestadunidense asesinado por policías en Minneapolis que detonó una ola de protestas que continuaron por décimo día consecutivo– donde veteranos líderes de derechos civiles y una nueva generación de activistas condenaron la violencia racista sistémica en Estados Unidos y declararon: “quiten sus rodillas de nuestros cuellos”.

El general retirado de cuatro estrellas, ex comandante de las fuerzas en Afganistán y de la OTAN John Allen, se sumó al creciente elenco de altos mandos militares que han condenado la amenaza del comandante en jefe Trump, de desplegar tropas contra los estadunidenses que protestan contra la violencia oficial a minorías como una violacion de la Constitución y un peligro para la democracia estadunidense.

Allen inicia su condena en un ensayo titulado: Un momento de vergüenza nacional y peligro –y esperanza publicado en Foreign Policy afirmando que “podríamos estar viendo el inicio del fin de la democracia estadunidense” con la amenaza del presidente de desplegar tropas contra sus conciudadanos.

Trump, indica, está calificando a los manifestantes de “terroristas” y “el enemigo”, pero la abrumadora mayoría de los que protestan están furiosos “por la injusticia, la encarcelacion masiva, los frecuentes arrestos falsos, y una devaluación institucional de vidas propiedad de afroestadunidenses”. De hecho, señala que la amenaza terrorista real no proviene de los manifestantes ni de radicales de izquierda, sino de supremacistas blancos que son responsables de la violencia racista en este país desde sus inicios. “Mucho más daño a Estados Unidos ha provenido de estos terroristas –fascistas, el Klan y neonazis, todos sintiéndose nuevamente empoderados hoy– que aquellos que se les oponen”.

Aunque Allen concluyó que estos han sido días oscuros para esta democracia, también indicó que los manifestantes y su aliados “podrían ser el rescate: esto podría ser el inicio del cambio de la democracia estadunidense no al liberalismo, sino a las luces. Pero eso tendrá que venir desde abajo hacia arriba. En la Casa Blanca, no hay nadie”.

Por su parte, John Kelly, ex general y ex jefe de gabinete de Trump, expresó su apoyo al ex secretario de Defensa James Mattis, quien esta semana condenó de manera fulminante el manejo de Trump de este momento, al acusar que estaba colocando en riesgo la democracia, y comparar el comportamiento presidencial con la propaganda nazi. Trump, como era de esperarse, tildó a su ex secretario de Defensa de “general sobrevaluado” a quien él despidió, pero Kelly, en comentarios al Washington Post, señaló que no fue así y sostuvo que Mattis es “un hombre honorable”.

Con ello, Allen y Kelly se suman a Mattis y a dos ex jefes del estado mayor, el almirante Mike Mullen y el general Martin Dempsey, en denunciar la propuesta de Trump de emplear la llamada Ley de Insurrección de 1807 para desplegar tropas militares contra las protestas con la justificación de “la ley y el orden”.

Mientras, el procurador general continuó promoviendo la línea del gobierno de Trump, de que los disturbios son provocados por grupos extremistas de izquierda como Antifa –el cual no es un grupo, sino una red informal de activistas que favorece la “acción directa– y afirmó: “tenemos evidencia” de que han “secuestrado” las protestas buscando incitar a la violencia.

En Minneapolis se realizó la ceremonia fúnebre en memoria de Floyd, con su familia y la presencia de varios líderes veteranos de derechos civiles como el reverendo Jesse Jackson, Martin Luther King III, un hijo del reverendo Martin Luther King, y el reverendo Al Sharpton, quien declaró: “la razón de que nosotros nunca podíamos ser quien queríamos y soñábamos ser es que ustedes mantuvieron sus rodillas en nuestros cuellos… Es hora de que nos levantemos en nombre de George y decir: ¡Quiten sus rodillas de nuestros cuellos!”

Al concluir el acto, los congregados mantuvieron silencio por 8 minutos y 46 segundos, el tiempo que el policía blanco Derek Chauvin mantuvo su rodilla sobre el cuello de Floyd. Ese rito simbólico se ha repetido en las calles durante las manifestaciones que han sacudido a más de 140 ciudades por todo el país.

La Jornada