cueva

Un derrumbe en la carretera federal tramo Tulum-Playa del Carmen puso al descubierto una cueva de unos 60 metros de largo y ocho de profundidad, rica en fósiles de caracoles marinos, crustáceos ciegos de cuevas y bivalvos (grupos de moluscos con concha), así como rocas con estructuras de finales del Pleistoceno y principios del Holoceno (periodo interglacial), informó Roberto Rojo, presidente del Círculo Espeleológico del Mayab.

Señaló que estos descubrimientos son muy importantes para conocer más sobre la región, pero a la vez indican que vivimos en un ecosistema muy vulnerable.

Indicó que una cueva que existía desde siempre, sobre la cual se construyó la actual vía.

“Lo que sabemos es que a un lado de la carretera se realizaron trabajos de encarpetamiento al parecer para la entrada de un fraccionamiento nuevo, lo que se hizo en una zona donde la roca caliza es muy delgada( alrededor de 20 centímetros) y da a la bóveda de uno de los salones de la cueva. Desconocemos la causa precisa del colapso”.

El equipo de espeleólogos entró a la caverna. “Decidimos comenzar a hacer un mapa topográfico y la cartografía; en el camino encontramos gran cantidad de fósiles de caracoles marinos, caracol rosado de la misma familia, la estrofide y unos bivalvos, que de acuerdo con Alejandro López Tamayo corresponde a una roca de finales del Pleistoceno y principios del Holoceno; tiene muchos restos de moluscos”.

Roberto Rojo señaló que hay un acuífero, transparente, de muy buena calidad, en el que hallaron algunos crustáceos ciegos de cuevas, por lo que infieren que es un sistema sano, característico de la región. La cueva atraviesa completamente la carretera y termina en una parte muy estrecha. Hay un área seca de 20 metros de ancho y 60 de longitud. Tiene una profundidad de cuatro metros hasta el espejo de agua y otros cuatro de ahí hasta el fondo.

Por la parte norte posee un área subacuática, explorada y mapeada por Michelle Vázquez y Mónica Torres, buzos del Círculo Espeleológico del Mayab.

Zona de conductos subacuáticos

“Esta zona es rica en conductos subterráneos donde va el agua de manera natural hacia el mar, es decir, es una cueva con una parte subacuática que no se conocía”, destaca el biólogo Roberto Rojo.

La Jornada