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Las mascarillas que usamos para protegernos del coronavirus, como las FFP2, llamadas N95 en EEUU, tienen una vida limitada. El material filtrante se obtura y las mascarillas se vuelven inservibles tras un solo día de uso. Algunas compañías se encargan de desinfectar mascarillas con vapor de agua oxigenada (peróxido de hidrógeno) para los centros sanitarios.

Investigadores de diferentes universidades trabajando en equipo han descubierto un método portátil y más ecológico para fabricar agua oxigenada y que los propios hospitales puedan desinfectar las mascarillas a menor precio. Simplemente conectando la máquina a la corriente basta para generar agua oxigenada a partir de agua corriente.

El agua oxigenada no es estable. Se descompone muy rápidamente cuando entra en contacto con la luz o el aire. Incluso antes de abrir el recipiente en el que se encuentra, ya se ha empezado a descomponer. Con esta máquina no habría necesidad de conservarla durante su envío o almacenaje, porque se produciría bajo demanda, según las necesidades. De esta forma se ahorraría hasta un 70% de los costes.

Además, el estudio indica que este nuevo método es menos tóxico que los usados en los procesos industriales. Sólo se necesita un pequeño frasco, aire, electrolitos, electricidad y un catalizador.

El agua oxigenada se utiliza industrialmente para reciclar los electrodos de níquel, cobre, magnesio o cobalto de las baterías. El equipo de investigadores comenzó este proyecto buscando un método más ecológico en los procesos de reciclado de baterías, pero con la pandemia, cambiaron el rumbo de su trabajo para ayudar a los profesionales de la salud. Desafortunadamente el estudio se encuentra todavía en fase de pruebas y hará falta más tiempo para que se pueda instalar en hospitales.

Revista Quo