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El expresidente colombiano Juan Manuel Santos refutó el miércoles las acusaciones de que su campaña de reelección presidencial de 2014 recibió fondos de la empresa brasileña Odebrecht.

Santos testificó en privado ante el Consejo Nacional Electoral. Después de casi dos horas, salió para decir que no había “ni una sola prueba” de que hubiera alguna conducta antiética durante la campaña presidencial.

“Yo llevo tres años, tres años en silencio”, dijo el exmandatario. “Tres años en que han dicho todo tipo de mentiras… He guardado silencio para no politizar la justicia”.

La autoridad electoral de Colombia realiza una investigación preliminar, pero no ha presentado cargos contra Santos, quien es ampliamente conocido por firmar un acuerdo de paz en 2016 con los rebeldes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y poner fin al conflicto más antiguo de Latinoamérica.

Decenas de políticos en diversos países de Latinoamérica han sido objeto de investigaciones, forzados a renunciar o han visto afectada su imagen luego de que se dio a conocer el escándalo de corrupción de Odebrecht. La compañía admitió en un acuerdo de culpabilidad con el Departamento de Justicia de Estados Unidos que pagó unos 800 millones de dólares en sobornos a políticos a cambio de lucrativos contratos de obras públicas.

Las acusaciones contra Santos surgen de testimonios proporcionados por Andrés Sanmiguel, que afirma que su compañía de logística fue utilizada para canalizar casi 1,2 millones de dólares de Odebrecht para la segunda vuelta de la campaña de reelección del expresidente.

Sanmiguel hizo las acusaciones en un testimonio ante la fiscalía de Colombia que posteriormente se filtró a una estación de radio local.

El miércoles, Santos negó conocer o haber tenido relación alguna con Sanmiguel y otras personas identificadas como partícipes de la supuesta trama. Caracterizó a las acusaciones como parte de una cacería de brujas política más amplia dirigida a manchar su legado.

El escándalo de corrupción de Odebrecht ha terminado con las carreras de algunos de los líderes políticos más importantes de Latinoamérica, destapando una corrupción endémica que ha enfurecido a los ciudadanos y provocado protestas en varios países en el último año.

Excélsior

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